Terminé toda mi investigación un día sábado. Y como casi todos los que ayunan una vez a la semana lo hacen los domingos, al siguiente día empecé.
Durante todo el día domingo (19 de agosto de 2012), no comí nada. Pero bebí té ad líbitum, como dicen en los estudios. O sea tomé todo el té que se me antojó.
El resultado fue que en todo el día no medió hambre. Cada vez que sentía deseos de beber, lo hacía y me tomaba un vaso de té.
Tomé tal vez uno s 10 vasos de té o algo así.
Me sorprendió que no me diera hambre. Pero tanto mejor, me dije.
Té, té y más té. Todo el día.
Por la noche, mientras dormía, sentí malestar. Era como un vacío en el estómago. Duró un rato, creo que unos qu9incdfe minutos. Pero pudo más el sueño que tenía y una vez dormido no sentí nada. Amanecí contento con el éxito de mi primer día de ayuno.
Se me olvidó mencionar que me pesé la noche anterior a mi primer ayuno. 89 kilos. Si bajo cinco kilos me doy por satisfecho.
Hasta la próxima.
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